Una tarde en Gion

La semana a pasada fui a una tienda donde vende acero de presfuerzo para acompañar a mi esposo ya que es arquitecto y como estaba en medio de una importante construcción, tenía que ver algunos materiales con sus trabajadores y revisar algunos detalles. Y mientras él comentaba los pormenores de la construcción, me percaté que la forma en la que estaba unido este acero se parecía mucho a una flor, concretamente a una flor de cerezo de metal, lo que me recordó el viaje que hice a Japón hace ya algunos años y cuando estuve presente en la floración de los cerezos en flor o mejor dicho, las Sakura.

Recuerdo que ese día habíamos ido, mi esposo y yo, a Kyoto porque era la prefectura que más ansiaba visitar después de ver la película Memorias de una geisha y como nuestro hotel estaba en Tokio, nos levantamos temprano para tomar el tren bala, Shinkansen, y así llegar temprano a Gion, el lugar donde aún ahora habitan las geishas.

Era la primera vez que me subía al tren bala y fue una experiencia emocionante ver su forma alargada con nariz chata, su impecable interior, el silencio que se guarda durante el viaje , y sobre todo, la velocidad con la que este tren recorre el país: 350 km por hora. Los paisajes volaban a través de la ventanilla mientras mi entusiasmo crecía con cada estación a la que llegaba el tren.

Después de dos horas llegamos a Kioto y el cambio se hizo presente, ahí mucha gente vestía con yukatas o ropas tradicionales, mi alegría crecía con cada paso. Buscamos la línea del tren que nos llevaría a Gion y cuando salimos de la estación, un nuevo mundo se abrió paso ante mis ojos. El río Kamo circulaba en el mismo sentido que la avenida y distintos puentes lo cruzaban para llevarte a lugares mágicos y fantásticos. Gion se encuentra de lado derecho, así que caminamos para encontrarnos con cientos de tiendas que vendían postres, comida, recuerdos y hasta ropa.

Cuando llegamos a Gion mi entusiasmo se esfumó. No porque no fuera lo que yo creía. Habían casas preciosas, calles mágicas y personas vestidas para la ocasión, sino porque es una calle transitada y por lo tanto los coches pasan por ahí y no dejan que disfrutes del bello lugar como tú quisieras. Quedarte por horas viendo la belleza y misticismo camellón.

Seguimos caminando y en la parte de atrás nos encontramos con un pequeño templo y las lágrimas se me soltaron cuando alrededor de él diferentes árboles de Sakura se aglomeraban bellas y majestuosas. Como yo habíamos ido en invierno, no creí ver las flores que sólo muestran sus colores en primavera, por lo que una alegría creció en mi interior.

Después de tomarnos muchas fotos, recorrimos el lugar para encontrarnos con pagodas y más templos; tiendas y restaurantes. Ese día rentamos una posada en Kioto, no quería irme de ahí, además, aún no veía a ninguna geisha y por lo que sé, ellas salen de noche así que si ya había tenido la fortuna de apreciar los cerezos en flor, la suerte podría sonreírme y tener el placer de ver a una geisha caminar por las calles de Gion.