Talleres en la secundaria

Cuando entré a la secundaria , no tenía idea de lo que quería cursar como materia optativa y lo peor de todo era que sólo ofrecían tres , así que no había mucho de dónde escoger. La tres materias eran: taller de taquimecanografía, taller de dibujo técnico y taller de costura.

El de mecanografía no me llamaba la atención porque no tenía intención de ser secretaria en un futuro , además yo ya sabía la posición de las letras en el teclado , y aunque no escribía de la forma correcta ( me  refiero a utilizar todos los dedos en as te las correctas ), podía de irse que yo ya escribía de manera rápida y a veces, sin mirar el teclado. Por otro lado , la maestra había perdido un dedo posee se le había atorado en la máquina de escribir y sinceramente yo deseaba mantener mis 10 dedos de la mano intactos por muchos, muchísimos años.

El taller de dibujo técnico era el que más me interesaba aunque eso sí, era un taller caro por todos los materiales que tenía que comprar y utilizar , pero aún así fui a la clase de muestra para que me explicaran bien de qué trataba el taller. Pero toda esa idea de dibujar se borró de mi mente cuando entendí que tenía que crear planos arquitectónicos utilizando reglas y escuadras , incluso debía comprar una regla T y un compás especial para poder entrar a ese taller. Las ganas se me quitaron al instante , no tenía intención de dibujar líneas y ángulos rectos para crear casa o planos de algún edificio. Cuando salí de la clase muestra decidí que ese no era el taller para mí.

Lo único que quedaba era costura, un taller que ni por asomo había contemplado porque nunca he sido buena para las manualidades y menos para el estambre, el repujado y las agujas. No sabía qué hacer, como no tenía muchas opciones y solo me quedaba una, y no quería tomarla, comencé a preguntar a las alumnas de los grados superiores. Mi sorpresa fue que me dijeron que la maestra era bien tranquila y que comprendía a las alimañas, porque claro, a este taller, los hombres no se inscribían. Al final me dijeron que habían días en que no se hacía nada en la clase y que la mayoría del tiempo pasaban las dos horas del taller platicando mientras fingían trabajar.

Eso fue lo que hizo que tomará la decisión de inscribirme. Así que por tres años seguidos estuve rodeada de madejas, de fieltro y de hilos para bordar , lo más gracioso de todo es que no aprendí nada de costura mientras estuve estudiando en la secundaria por dos motivos importantes. El primero es porque me la pasaba hablando en clase y no ponía atención y el segundo porque la verdad nunca se me dio el tejer con aguja y mucho menos el bordado, la parte de atrás siempre resultaba. Un laberinto de hilos sin acomodar. Pero lo bueno es que pasé la materia, eso es lo que importa.