La grata experiencia

Tras pasar mucho tiempo buscando una arrendadora en México, para poder alquilar unas nuevas oficinas, por fin pudimos encontrar una opción con la capacidad de cubrir todas nuestras necesidades y el día de ayer finalmente terminamos toda la mudanza, por lo que decidí darme un pequeño lujo e ir a cenar con dos colegas.

Generalmente, la cuestión de dónde hay que ir a cenar en la Ciudad de México es una muy difícil, ya que si algo tiene la capital del país es una enorme cantidad de buenos restaurantes que hay para visitar, restaurantes de todo tipo de cocina y paras todo tipo de gustos, muchos de los cuales, debo decir, están a nivel mundial.

Lo que más se acostumbra en el mundo laboral al ir a cenar son restaurantes de comida oriental o francesa, particularmente si uno labora en la zona de Polanco; no obstante, hay restaurantes representando a la cocina de todos los países en el mundo, si es que buscamos.

Dentro de la enorme gama de restaurantes que existen en nuestra ciudad, hay uno en particular que es muy especial para mí, uno al que voy desde que tengo cinco años, uno donde mi padre propuso matrimonio a mi madre y donde yo propuse matrimonio a mi esposa, sin saber que mi padre había hecho lo mismo en aquel lugar, lo cual lo hace aún más especial, además de que he pasado varios años nuevos en aquel lugar.

No obstante, lo que hace aquel lugar sumamente especial para mí, es que está nombrado en honor de y dedicado a una de las personas que más admiro de la historia y a quien he leído y estudiado con más fervor. Aquel restaurante es el Sir Winston Churchill’s.

El restaurante es uno de cocina inglesa, una cocina que generalmente se piensa que no tiene nada de especial; sin embargo, es una que cuenta con mucha variedad y muy buena en caso de que el chef sea uno experto en la materia; de lo contrario, no se podrá transmitir la esencia correspondiente a los platillos británicos.

Debo aceptar que aunque hay una muy buena variedad en el menú, siempre pido lo mismo desde hace más de 10 años, que es una sopa de cola de res, un plato de roast beef con Yorkshire Pudding, espinacas y aderezo de menta, acompañado de un gran tarro de cerveza oscura y fría, siendo esta una combinación que realmente disfruto.

El lugar es una mansión construida enteramente al estilo británico de los tiempos de la reina Elizabeth I, donde están expuestos varios cuadros originales de Winston Churchill, así como reliquias militares de los días del Imperio Británico de carácter original, verdaderamente haciendo a los huéspedes sentirse en alguna casa de campo en Inglaterra o Escocia, de alguna persona de la talla de Winston.

El servicio es verdaderamente excelente y todos los meseros visten el saco rojo que caracterizó a los soldados británicos por 300 años.

Siempre es una experiencia muy grata.