La esclerosis múltiple


La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad inflamatoria crónica del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) que destruye la mielina, esa capa con funciones aislantes (constituida en un 80% por lípidos y en un 20% por proteínas) que envuelve a la larga fibra nerviosa originada en cada neurona denominada axón.

La EM es una enfermedad producida muy probablemente por un mecanismo de autoinmunidad, lo que significa que el sistema inmunitario  del organismo afectado por la enfermedad responde como si la mielina fuera un "cuerpo extraño" o un antígeno que debiera ser destruido. El organismo produce anticuerpos contra algunas de las proteínas que forman parte de la capa de mielina que recubre y protege a las fibras nerviosas.

Esta reacción antígeno/anticuerpo provoca la puesta en marcha de un proceso inflamatorio crónico que conduce a la destrucción de la mielina (desmielinización) e incluso, al final, de la propia fibra nerviosa.

Al final del proceso, los autorreactivos linfocitos T terminan atravesando la pared vascular y penetrando en el tejido nervioso, donde su presencia es la responsable de la destrucción de la capa aislante de mielina.

Destrucción de la mielina


Cuando la enfermedad progresa, además de la destrucción de la mielina, son destruidos los propios axones y los oligodendrocitos, que son las células pertenecientes al tejido nervioso de sostén (denominado neuroglia) del tejido noble formado por las neuronas.

El resultado de este repetido proceso de inflamación/destrucción (en el que participan otras células como las células B, productoras de anticuerpos, y los macrófagos) es la formación de múltiples cicatrices del tejido escleroso (placas inflamatorias) en las áreas lesionadas.

De ahí deriva la denominación de esclerosis múltiple. La resonancia nuclear magnética ha demostrado que la esclerosis múltiple es primariamente un proceso que evoluciona sin manifestaciones clínicas (proceso subclínico) caracterizado por frecuentes alteraciones den la arquitectura del cerebro y de la médula espinal.

Las lesiones ocurren en zonas calificadas de "elocuentes" (cuando se asocian con manifestaciones clínicas) y "no elocuentes" (cuando no se asocian necesariamente con manifestaciones clínicas). Entre los síntomas de esta enfermedad destacan: cosquilleos, calambres, debilidad muscular, temblor, pérdida de visión, cansancio, inestabilidad y vértigo.

El diagnóstico de la EM se funda en la sospecha derivada de una cuidadosa historia clínica y de una exploración neurológica sistemática y exhaustiva, que pone de manifiesto la diversidad de los síntomas neurológicos que la enfermedad puede originar.

El tratamiento de la EM, ya que no existe un medicamento que consiga la curación de la enfermedad, tiene como objetivo, en los individuos que padecen la variante más frecuente, que es la variante con brotes/remisiones, modificar su curso evolutivo, convirtiéndolo en menos agresivo.

Los suplementos vitamínicos sí son necesarios


Dentro de los descubrimientos más importantes de este siglo se encuentra el de las vitaminas. Desde hace cientos de años las personas comenzaron a notar que ciertos alimentos podían prevenir las enfermedades.

Un ejemplo famoso son los limones que comían los marineros para prevenir el escorbuto. Sin embargo, la primera vitamina se aisló en un laboratorio en 1911.Esta vitamina era una vitamina de la Fenazopiridina. Hoy en día se conocen trece vitaminas, y a pesar de que se sabe mucho sobre la función de cada una de ellas, aún queda mucho por aprender.

Las vitaminas son sustancias requeridas para regular el funcionamiento de las células y son esenciales para la vida. Participan en diferentes procesos biológicos como promoviendo una mejor visión, formando células sanguíneas normales, creando huesos y dientes fuertes y asegurando una función adecuada del corazón y del sistema nervioso.

Las vitaminas proveen energía?


Mientras que las vitaminas no proveen energía, sí ayudan a la conversión de alimentos en energía. Las trece vitaminas se encuentran divididas en dos categorías: las vitaminas solubles en grasa -vitamina A y su precursor el beta-caroteno y las vitaminas D, E y K-, y las solubles en agua -las vitaminas del Complejo B y la C-

Esta división es importante, ya que el cuerpo almacena las vitaminas solubles en grasa en el hígado y en el tejido graso por períodos de tiempo largo (algunos meses) y las solubles en agua por tiempo corto (semanas).En general se tienen que consumir las vitaminas ya que el cuerpo no las puede producir, aunque sí sintetiza algo de vitamina K, D y B12 y convierte el beta-caroteno en vitamina A.

Hasta hace poco a las personas que llevaban una dieta que cumplía con los requerimientos diarios de nutrientes y también se encontraban saludables no se les recomendaba tomar suplementos vitamínicos.

Sin embargo, la acumulación de estudios recientes ha hecho cambiar de opinión a muchos especialistas, sobre todo en cuanto a cuatro importantes vitaminas. Estas cuatro vitaminas son las llamadas antioxidantes -A, E, C y ácido fólico o folacina.

El papel que estas vitaminas juegan en la prevención de enfermedades ya no se encuentra en debate, por lo que se recomienda que los adultos consuman cantidades adicionales de las vitaminas antioxidantes y que las mujeres premenopáusicas coman una dieta rica en folacina o que tomen suplementos de folacina.

Cómo actúan las vitaminas antioxidantes


Las vitaminas antioxidantes actúan a nivel molecular inactivando una clase de partículas llamadas radicales libres. Un radical libre es un átomo o molécula que es altamente reactivo y que tiene un electrón sin aparear por lo que busca combinarse con otra molécula.

Estos radicales libres son producto normal de muchos procesos a nivel celular y además son creados por factores del ambiente como fumar o la radiación.

Los radicales libres pueden dañar el material genético, paredes celulares y otras estructuras, daños que a largo plazo son irreversibles y causan enfermedades. El rol de las vitaminas antioxidantes es el de deshacerse de estos radicales libres antes de que hagan daño.
Se ha comprobado que el ingerir grandes cantidades de vitaminas A, C y E protege contra ciertos tipos de cáncer, como el oral, de esófago y reproductivo.

La vitamina E en particular puede disminuir el riesgo de enfermedades del corazón al reducir la cantidad de placa en las arterias coronarias. Las vitaminas C y E parecen jugar un rol protector contra las cataratas.

La folacina no es una vitamina antioxidante, pero se ha comprobado que previene ciertos tipos de defectos del recién nacido, por lo que se recomienda que todas las mujeres en edad reproductiva, a menos de que estén absolutamente seguras de no embarazarse, ingieran cantidades mayores de folacina.

Tampoco es recomendable que se tomen grandes cantidades de vitaminas. Las vitaminas A y D pueden ser tóxicas en exceso. Los excedentes de las vitaminas solubles en agua se eliminan rápidamente del cuerpo.